Un café después del trabajo


En estas épocas, el clima ya nos rodea con un ambiente de indecisión en Barcelona. Nos debatimos los días entre un reluciente sol con sabor a verano y días de un gris otoñal que me recuerdan mis días en Lima.
Ante el intenso trabajo, esta indecisión no transforman ni distorsionan mis ganas de encontrarme con una buena taza de café al final de la jornada. Y como siempre he dicho: si es con una buena compañía, mucho mejor.
Como les he contado en anteriores post.; quedar con amigos y familia es una de las cosas más hermosas que puedes hacer. De las conversaciones y las anécdotas que surgen es indiscutible la sensación de bienestar y comodidad.
La última vez acordé con Piero en que vendría a encontrarme en el trabajo para salir juntos a casa. Cuando iba sincronizando y cerrando las carpetas del escritorio, sonó el timbre del despacho y salí a recibirle. En la mano traía 2 tazas de café que olían demasiado bien.
Muchas veces no se necesita de grandes acciones para saborear la vida en su plenitud. Basta con gestos y actitudes para que el cansancio se convierta en más energía. Después de todo, el universo no se crea ni se destruye, se transforma. Depende de nosotros averiguar cómo hacerlo.
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